Religio duplex by Jan Assmann

Religio duplex by Jan Assmann

autor:Jan Assmann [Assmann, Jan]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Ensayo, Historia, Filosofía, Ciencias sociales
editor: ePubLibre
publicado: 2009-12-31T16:00:00+00:00


Los egipcios no fueron los únicos que construyeron enormes edificaciones para desarrollar en ellas las artes y las ciencias y elevarlas a un nivel que las permitiera perdurar a través de los siglos. Transmitieron este saber a extranjeros que lo difundieron por toda la tierra: Orfeo, Museo, Melampo, Dédalo y Homero, más tarde Pitágoras, Platón, Eudoxo, Demócrito y Enopis (Oinopides), Teleclés y Teodoro, así como, en relación a la ley, Moisés[33], Solón y Licurgo[34]. La idea de la decadencia del saber formaba parte de la visión pesimista de la historia de los Iluminados, que pretendían rastrear sus huellas. Buscaban esa idea de un origen común del saber humano que más tarde (tras la temprana pero poco difundida recepción de Giambattista Vico en Alemania) Herder vincularía al genio de las tradiciones de los diversos pueblos[35].

En la segunda sección habla de «la constitución, los deberes y conocimientos de los antiguos sacerdotes egipcios», describiendo las bases de la religión egipcia, que, «al carecer de revelación», partía de la observación de la naturaleza y sobre todo del sol. El culto originario consistía en ofrendas de frutos de la tierra[36], a los que luego se añadió pan y, finalmente, tras el desarrollo de la ganadería, también sacrificios sangrientos, una línea evolutiva condenada a la decadencia. Sin embargo, en Egipto nunca se ofrecieron sacrificios humanos. Los servidores del culto procedían de una casta aparte, pero afortunadamente, Thot los organizó y enseñó de forma que no crearan sociedades peligrosas para Egipto. Les hizo dignos custodios de la ley del país, de los conocimientos superiores y de los secretos más sublimes. «Participaban en la administración de Egipto, cuyo bienestar constituía la máxima prioridad de estos extraños sacerdotes» (p. 48). Resumiendo: antes de que los sacerdotes egipcios se convirtieran en clero para luego degenerar a través de monjes y jesuitas, Thot los había convertido en servidores de la sociedad, es decir, en masones.

Las condiciones para pasar a formar parte de la clase sacerdotal eran muy duras y se parecían a los usos masónicos correspondientes. El candidato había de ser una «persona libre»: artesanos, campesinos y pastores estaban excluidos del servicio a los dioses, al igual que el «género femenino». Aquí Born remite a Diodoro, quien dice algo diferente en los capítulos 73 y 74 del Libro I. En su caso la categoría «libertad» desempeña el mismo papel inexistente que el género femenino[37]. Dividió a los estamentos egipcios en propietarios y no propietarios. Los reyes, los sacerdotes (esto es, los templos) y los militares poseían la tierra (lo cual es cierto). Hay además campesinos, pastores y artesanos a los que Diodoro considera profesionalmente muy hábiles en sus descripciones. De los sacerdotes, en cambio, afirma lo que no es más que agua para su molino:

Siempre rodean al rey y le aconsejan con antelación en absolutamente todo; otras veces son colaboradores que le enseñan con sus propuestas. Interpretan el futuro con ayuda de la astrología y la lectura de los sacrificios y solo hacen público aquello de las Sagradas Escrituras que consideran necesario difundir.



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